Crónica de la IV Edición (Por Javier Negueruela)

DESDE LA COLA DEL PELOTÓN (IV)

Corre, corre, corre,
Que te van a echar el guante.

Terminada la III Btt Nieva de Cameros, y tras un merecido descanso, tocaba ponerse a organizar la cuarta. Diego ya nos había avisado e insistió en ello: “Esta es la última BTT que organizo; si hay otras, colaboraré, pero no quiero dirigir más este jaleo.” Y tenía razón, toda la razón. La gente se ofreció a echarle una mano, pero por muy buena voluntad que tengas, si uno solo carga con demasiado trabajo, desgasta mucho. Que nadie se asuste; a día de hoy, puedo confirmar que la Btt de Nieva continuará existiendo. La cuestión es que arrancamos con la organización; búsqueda de rutas, patrocinadores, regalos, premios, reuniones, carteles, etc. Por cierto, no sé si os fijasteis en lo bonito que era el cartel de esta cuarta edición (je je). Por fin, tras los problemas de fechas del año anterior, decidimos adelantar la prueba un mes, al 13 de septiembre, para evitar coincidencias con otras pruebas. Además, este año, la Larga saldría a las nueve y la Corta una hora después.
Se decidió mantener el trazado de la Corta y cambiar el trazado de la Larga, que quedaría de la siguiente manera. Salida del pueblo por Los Rozos para coger el GR al Rasillo; girar hacia Montemediano y cruzarlo para bajar a Pradillo por la pista y volver a subir por la calzada romana (el GR); girar hacia el Náutico pasando por un primer avituallamiento; del Náutico al Rasillo para subir a La Agenzana, con el segundo avituallamiento (líquido), y de allí tirarse por el cortafuegos para subir al buzón de Cabeza Maribuena; bajar a la portilla, donde se encontraban con los de la Corta en el avituallamiento sólido, para después bajar Río Frío y la Mohosa. Tras esto, irían a Cuesta Madrid (con un par…), pero este año, a media subida se desviaban hacia Peña Palomino para dirigirse a Vadilengua, (O Vallelengua, como la conocen “en el extranjero”), y, tras pasar por el segundo avituallamiento líquido, bajar como locos, o como pudiesen, por ese fantástico valle, y después retomar la subida a Castejón hasta la Cumbrera, el Cabezo, y bajar al pueblo por Los Rozos de nuevo. Si os habéis cansado leyendo todo este recorrido, que seguro que sí, imaginaos cómo llegaban muchos de ellos después de haberlo pedaleado todo. Total, solo eran 56 Km con 2200m de desnivel acumulado (Uffffff).

Bueno, la cuestión es que yo, tras mi flamante octavo puesto, compartido con Torry en la tercera edición, había salido con mucha moral, y seguí entrenando durante todo el invierno; en primavera estaba a tope, y en el mes de junio había llegado a mi mejor momento. La gente ya empezaba a cansarse de ver mis fotos con la Picaraza (mi burra) en las redes sociales todos los días (no les queda nada, je je). La ruta de la Larga estaba todavía sin definir del todo, así que no sabía qué iba a hacer, y en julio me fui de vacaciones.
Por fin llegó Agosto; mes crucial en el que los buitres, los amigos de los buitres, y gentes de todo pelaje aparecen por nuestras montañas a lomos de sus borriquillas dispuestos a recorrer nuestros caminos; y es que la Btt de Nieva de Cameros ya se ha hecho muy conocida en el mundo de las bicicletas de montaña. Por fin probé la Larga… por etapas … en tres días. La primera parte, la bajada y subida de Pradillo, y enseguida tomé mi decisión: “yo esto no lo hago ni dopao con un par de huevos fritos.” La subida por el GR me comió la moral, sabiendo lo que venía después. Otro día probé la subida a la Agenzana y Cabeza Maribuena; me pareció menos duro que lo anterior, pero claro, empezaba fresco. Un tercer día, cuesta Madrid, Peña Palomino y Vadilengua; para disfrutar como un chiquillo, si no se llevase antes todo lo que ya he mencionado.
Pues nada, me centré en la Corta. Salimos varias veces a hacerla; entre otros con Adrián (Zapa) y con Jorge Fernández, que dijeron que también iban a hacer la Corta. “¿Cómo? ¿Vosotros la Corta? Naaaa; vosotros tenéis que hacer la Larga hombre, que estáis muy en forma y sois jóvenes” Pues no, no hubo forma de convencerlos (¡Cachissss!).
Última semana; la verdad es que no me había sentido bien en todo el mes de agosto; última salida el miércoles por los montes cercanos a Logroño (con reventón de rueda incluido) y a descansar. Por fin mis ideas eran claras: “a ver si puedo rebajar mis dos horas once minutos del año pasado.” Competir contra mí mismo; y por vez primera en cuatro años utilizo la palabra “competir”. Tenía muy claro que este año no iba a repetir el puesto del año anterior (¡tonto de mí!), así que yo era mi propio contrincante, mi enemigo a batir. Salía solo, rodeado de amigos, pero solo; y, probablemente, llegaría solo.
El viernes al pueblo; últimas reuniones y decisiones y el sábado a marcar. Esta vez no se me necesitaba, así que decidí, junto con mi amigo Alfonso, hacer la subida del pinar y la bajada de Río frío y la Mohosa andando. En agosto, en todas las ocasiones que la habíamos hecho, alguien se había caído o había estado a punto de hacerlo, así que decidí quitar el mayor número de piedras posible y limpiar las rodadas. A algunos les gustan las piedras, pero yo no quiero que nadie se haga daño el día de la prueba de mi pueblo. Por la noche, actividad a tope en el pueblo; los nervios y la tensión se palpaban, quizá hasta demasiado, pero eso se nos pasaría en cuanto empezásemos a pedalear. Noche de poco dormir y ….
Por fin, domingo 13 de septiembre, 07:00 horas de la mañana; arriba. Un café y a la plaza. Montar carpas; la de los dorsales y la de Joaquín, que había abierto su tienda recientemente y nos iba a hacer la atención mecánica previa y durante la prueba; equipo de megafonía para Inma, nuestra fantástica speaker; llegada de la gente de protección civil, que, como siempre, con la coordinación de Goti, hicieron una gran labor. Y en un lento pero incesante goteo, los bikers; a recoger los dorsales y, algunos tardíos, a apuntarse a la prueba. Este año nos habíamos puesto una meta mayor; llegar a los trescientos participantes; al final, 269;  111 de ellos para la Corta y 158 para la Larga. Iba saludando a los conocidos y haciendo alguna foto hasta que llegase Ana, que de nuevo este año coordinaba al fantástico grupo de fotógrafos y fotógrafas que teníamos distribuidos por las dos rutas. A las ocho y media, foto de rigor de (casi) todos los buitres que participábamos en una u otra ruta.
Casi las nueve de la mañana; se agolpaban los bikers contra la línea de salida; nuestros buitres más “pros” estaban dispuestos; Diego, Dionisio, David Fernández, David Garrido, Jorge, David Pérez, Kiko, Javi, Roberto y los demás … ¡espera! No, Roberto no estaba…
Petardazo (esta vez Carlos, que estaba con la Directora General de Juventud y del Instituto Riojano de la Juventud, lo tiró un poco más lejos que el  año anterior) y allá que se fueron. La verdad es que a mí no me convencía mucho lo de las dos salidas, pero, en fin, así se hizo y punto. Me fui para casita, a comer algo, prepararme y poner el dorsal; este año tenía el 217 porque para la Corta los dorsales empezaban en el 200. Nueve y media; a la plaza, Plazoleta, Revuelta, plaza. Saludos a conocidos, abrazo a Eusebio, el padre de Torry, que nunca falta y siempre viene a desearme suerte y recomendarme precaución; un beso a la rubia, mi rubia y… a la primera fila para salir… para competir.
Por allí andaban Adrián y su hermano Rubén, Asier, con quien había compartido algunas salidas en Agosto, Jorge, Pedro, Eduardo, Miguel Ángel, Rodrigo, Dani, … y Roberto con su Golondrina… en la Corta… y es que llevaba el hombre todo el año saliendo a pedalear con su hijo Jorge. Con cariño y con mimo, y pasando grandes ratos, había empezado el polluelo a salir con su padre y con nosotros, y aquí lo teníamos, dispuesto a darnos guerra a los viejos, y bien que lo hizo, como un auténtico buitre. A los menores, solo se le permite participar si van acompañados por su tutor, Y Roberto estaba más orgulloso y emocionado que otra cosa.
“En este rato”, pensé, “los primeros de la Larga habrán llegado ya al Rasillo, después de bajar como locos por esa pista llena de piedras (espero que ninguno se haya caído), y subir, como puedan, por ese GR tan bonito. Fijo que las vistas del pantano les han encantado y que José Vicente y compañía les han tratado bien en el avituallamiento. No les queda nada todavía.”
Y suena el segundo Petardazo; esta vez salgo rápido y en la bajada hacia la rueda solo pego un derrapaje bueno. Voy controlando, y la Picaraza va de lujo. Decido no cebarme al principio, a ver cómo se desarrolla el asunto. Al llegar a La Rueda y cruzar el río, empieza el ascenso, y ahí puedo echar un buen vistazo. Cuento a unos trece o quince por delante de mí. Zapa empieza a despegarse, y Roberto, que iba con él, se queda con Jorge. Me adelanta Jorge Fernández, a muy buen ritmo. Se le ve que va fuerte. Paso a unos y me pasan otros, y ya pierdo la cuenta de las posiciones; sé que voy entre los quince primeros. En el Plantizo del Tío Tito pillo a Jorge. Su padre va un poco más adelante. “Bebe agua, Jorge, que todavía no lo has hecho”. Lo dejo y voy adelantando posiciones. Pillo a Roberto y compartimos un tramo. Por fin, llegando a la Toma, lo dejo esperando a Jorge y tiro para arriba. Pasada la Cumbrera me pilla Dani, que lleva mi vieja BH y que, al parecer, se había caído en la bajada. Lleva el freno trasero desmontado porque, tras la caída, le rozaba la llanta. Compartimos un tramo y, tras pasar Pocilgas, en la bajada para coger el pinar, se queda, creo que para montar el freno.
Siempre me paro a contar la subida del pinar así que abrevio. Es dura… muy dura… excesivamente dura… pero puedo con ella. Antes de acabarla Dani me ha vuelto a pillar y me ha adelantado. Llegamos a la Portilla, al avituallamiento, y veo a uno que baja desde el buzón. “¿Ya están aquí los de la Larga?” Y no era el primero, ni mucho menos. Tras pasar por el Rasillo habían subido la Agenzana, con esa rampa de hormigón inclemente, que hace echar pie a tierra a los más osados y revienta a los más incautos. A partir de la rampa, hasta arriba, no es demasiado duro, pero claro, lo que ya llevaban hecho les pasaba factura. Y después, la subida al buzón. No sé si alguno de ellos consiguió subirla hasta arriba sin apearse, las leyendas no han llegado hasta mí, porque no había testigos en este tramo. Que yo sepa, confirmado por un testigo, solo David Garrido había conseguido, durante el verano, un día que había llovido y el terreno agarraba un poco mejor, llegar hasta arriba pedaleando.
“¿Qué te doy Javi?” “Hola Vicente; lléname el bidón, por favor, medio plátano, y una barrita para luego, por si acaso.” Ni siquiera pregunto; estoy alrededor del décimo según mis cálculos, y en cuanto a mi reto personal, creo que no he mejorado mucho mi tiempo, así que engullo el plátano y me preparo para bajar. Allí estaba un exalumno mío, Ángel, de Anguiano, un gran chaval. “Javi, ¿puedo bajar contigo? Que no me sé la bajada.” “Vamos, arrea.” Dani se ha quedado; va más tranquilo, además, con el freno tocado, no se atreve a lanzarse muy fuerte.
Enseguida pillamos a tres que bajan regular. Les voy indicando porque el camino, en este tramo, está bastante mal, lleno de roderas y grietas. “Seguid por la derecha hasta que os diga y entonces por la izquierda. Me van haciendo caso y, ya en la curva que da a la bajada de Río Frío, nos dejan pasar. Me lanzo a tumba abierta… bueno, no tanto, confiando ciegamente en la Picaraza y sabiendo que no me iba a encontrar sorpresas en el camino, que para eso lo habíamos limpiado. Pronto alcanzamos a otro y lo adelantamos… y a otros dos. Yo no era consciente de cuántos habían sido, lo fui más tarde. Ángel bajaba pegadito a mí como una lapa, siguiendo mis trazadas y confiando en lo que yo hacía. Por fin, llegando al río, veo público; hasta ahora no había visto más que a los colaboradores en los cruces o en el avituallamiento, pero allí estaban, animándonos, sobre todo cuando veían el maillot de buitre. Freno como puedo, descabalgo, me echo la burra al hombro para cruzar el río y oigo a Mercedes: “llevas la cadena sueltaaaa.” “Sí, Javi, que se te ha salido la cadena”, confirma Ángel; “Yo voy tirando ¿vale?” “Tira, vete.” Le digo mientras maldigo mi suerte. Tardo muy poco, o eso creo, en volver a ponerla y me lanzo de nuevo. A Ángel ya ni lo veo. Llego sin percances (solo un par de sustos) a la pista. Desarrollo a tope hasta el corral de Carlos. Ahí está Torry, que este año había decidido no pedalear. Cruzo el río y grito “¿Cómo voy, Torry?” “¡Tercero!” No me lo puedo creer, no me salen las cuentas. Luego me enteré de que Ángel había decidido hacer el tramo de Vadilengua porque se le hacía corta la Corta. El caso es que yo no lo veía por ninguna parte.
Comencé el ascenso, por segunda vez, y aquí es donde empecé, de verdad, a competir conmigo mismo. Estaba bastante cansado, pero me impuse un ritmo de subida. Cinco días antes había salido con Roberto y con Kiko y había hecho una ascensión a su rueda; me habían subido en volandas. Pues me los imaginé delante de mí, tirando, y la verdad es que subí a un ritmo muy bueno, o eso creo. De vez en cuando giraba la cabeza, donde había espacio para comprobar si venía alguien o no, y no veía a nadie. Llegando a la toma oí un rumor detrás de mí, giré la cabeza y “¡Cáspita! ¿Y este?” Un tío al que no conocía de nada, pedaleando y que me pasó como si él bajara y yo subiera. Alcancé a ver su dorsal, el 121. ¡Menudo máquina!
Los de la Larga, tras bajar la Mohosa, seguían hasta Cuesta Madrid. Se les había puesto una especie de trampa mortal, otra vuelta de tuerca en la tortura de las subidas, y tenían que pasar por una serie de rampas y rampitas hasta llegar al avituallamiento de Vadilengua. Hay que reconocer que esa zona es realmente bonita. Praderas fantásticas con vistas espectaculares; sierra pura. Y el descenso por el valle, salvo el primer trozo, que más de uno lo hizo andando, por su peligro, era una auténtica gozada; una alfombra verde por la que se deslizaban las burras a toda velocidad, para después volver por la pista a hacer el mismo final que nosotros por la cumbrera y los Rozos.
Seguí a mi ritmo, ese que yo pensaba que era bueno y, llegando a la cumbrera, vi a un señor paseando (no era de la zona). “¿Qué eres, majo, de la Corta o de la Larga?”… “Pues vas tercero”… “De la Larga solo ha pasado uno.” Así que era verdad… Aquí ya iba a tope, dando todo lo que tenía. La cumbrera, el Cabezo, y para abajo.
Esas paraderas de los Rozos y esas vistas invitan a la introspección. Dejé que la Picaraza se ocupase del descenso mientras por mi mente pasaban infinidad de cosas; a corazón abierto; sensaciones, sentimientos, emociones, recuerdos… dejé que todos me llenasen… “y además llego tercero en la Btt de mi pueblo.” No voy a ocultaros que lloré; de emoción, de alegría, de nostalgia, de pena, de orgullo… de todo un poco.
Llegué al camino y, espoleado por esa recarga de sensaciones y adrenalina, me puse a pedalear como loco. No sabía si el cuarto estaba cerca o no, pero nadie me iba a pillar. Me eché una nueva carrera a mí mismo… y gané.
La entrada a la plaza; me estiré el maillot y metí barriga para las fotos; noooo; simplemente saqué pecho; que se viese bien el buitre. Oí a Inma decir mi nombre por megafonía cuando empezaba a frenar y vi a Ana venir corriendo hacia mí. Un abrazo largo, intenso; un beso, otro. Otra vez emocionado; otras lágrimas que se escapaban; estas, de alegría y emoción.
Unas fotos, charla con Jorge y con Adrián, quienes, como predije, tenían que haber hecho la larga para dejarme ganar a mí, jajajaja. No, la verdad es que me encontraba orgullosísimo de que los tres primeros fuésemos del pueblo. Unas cervezas para acompañar a ese fantástico preñao que damos a todos los bikers. Otro abrazo a Eusebio. Seguía llegando gente, y entraron también, diez minutos después que yo, juntos, no podía ser de otro modo, Roberto y su hijo Jorge. El chaval feliz, y el padre orgulloso; como debe ser, porque habían hecho juntos una gran ruta.  
En cuanto a la clasificación final, en la Larga los primeros fueron Samuel Campos, Marco Andrés Sufrategui y nuestro David Fernández, de El Rasillo; y en la Corta, Adrián Miguel, Jorge  Fernández y Javier Negueruela (su seguro servidor), los tres buitres de Nieva de Cameros. Por cierto, como ya he dicho, me gané, y bajé mi tiempo en diez minutos.
Poco a poco fueron llegando todos y todas, los de la Corta y los de la Larga. No hubo incidencias dignas de mención. Empezamos a recoger y a recopilar las fotos para subirlas a las redes y que todos pudiesen verse y descargarlas. Todo había salido bien. La IV BTT NIEVA DE CAMEROS, la última BTT de Diego, había salido a pedir de boca. Enhorabuena y gracias chiquitín; a ti y a Cristina, por los esfuerzos, los quebraderos de cabeza, los disgustos. las discusiones y las alegrías que todo esto ha provocado.
Gracias también a todos y todas los que habéis y hemos colaborado para que esto salga adelante con un resultado óptimo. A los alcaldes y corporaciones municipales de Nieva y Montemediano, Pradillo, El Rasillo, y Anguiano, por la buena voluntad mostrada, los permisos y la ayuda recibida y, en el caso concreto de Nieva, por la colaboración en la organización. A los voluntarios de Protección Civil. A los patrocinadores. A Joaquín, y al otro mecánico que vino, por el fantástico servicio durante la ruta. A los voluntarios y voluntarias de la carpa, mesa de tiempos, megafonía, reparto de preñados, aparcamientos, avituallamientos, cruces, moteros. A las autoridades de la Comunidad de La Rioja y a la prensa por ayudarnos a divulgar la BTT. Y gracias también a todo el pueblo y a toda la gente de la zona que, desinteresadamente, ayudó, aplaudió, animó y disfrutó de la fiesta, pues eso es lo que queremos hacer, una fiesta del ciclismo que atraiga, entretenga y divierta tanto a participantes como a espectadores. Gracias también a todos y todas los que me he olvidado de mencionar (que la cabeza ya va fallando). Por último, gracias a todos y todas los participantes por haber venido; por haber sufrido y haber disfrutado a lomos de vuestras bicicletas; por habernos hecho disfrutar, habernos asombrado y habernos emocionado con vuestras gestas. Porque para todos y todas, la participación en estas pruebas, ya sean cortas o largas, no deja de ser un pequeña (o gran) gesta personal; algo que espero que os llevéis en el recuerdo y que os haga desear volver porque, ¿sabéis? La V BTT DE NIEVA DE CAMEROS ya está en marcha…

Tengo la suerte
De no saber competir con la gente
De saber que si hoy me equivoco
Tengo alguien que puede entenderme

Javier Negueruela García

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